Sábado 4 de Abril de 2026

Hoy es Sábado 4 de Abril de 2026 y son las 18:25 -

29/11/2025

La misteriosa muerte de Natalie Wood: una premonición en la infancia, un alarido trágico y décadas de silencio en Hollywood

Fuente: telam

Fue una de las estrellas del cine en los años dorados y co-protagonista de “Rebelde sin causa” junto a James Dean. La comparaban con Elizabeth Taylor. Murió a los 43 años y aún no se sabe qué pasó

>“Que tenga mucho cuidado con las aguas oscuras”, dijo la vidente en clave mística. Y también dijo: “La niña puede llegar a morir ahogada”. María, la madre de Natalia Nikoláievna Zajárenko, escuchó la advertencia y nunca la olvidó.

El mayor deseo de María, que fue a consultar a la vidente para saber cómo sería la vida de su hija, era que Natalia brillara en la pujante industria cinematográfica del país en el que ella y su marido se habían instalado. No dudó en llevarla a cada casting y cada rodaje del que se enteró, e incluso no dudaba en sentarla sobre el regazo de los directores para que la registraran más que a cualquier otra niña.

A los cuatro años, Natalia ya tenía un nombre artístico que borroneaba sus orígenes y la adaptaba al país en el que crecía: Natalie Wood. A esa edad hizo su debut cinematográfico, en una escena de la película Happy Land, de 1943. No fue mencionada en los créditos pero llamó la atención de quienes la habían visto en el set.

A los ocho años, después de varias participaciones más, saltó a la fama. Fue de la mano de un rol co-protagónico en la película Milagro en la calle 34, estrenada en 1947. Natalie representaba a una nena que no creía en Papá Noel y el film fue un éxito. Ese éxito no se detuvo: Wood fue de las primeras estrellas infantiles que logró sostener su popularidad ya siendo adulta.

El último escalón que le faltaba subir para ubicarse en el centro de Hollywood llegó en 1955, cuando fue co-protagonista de Rebelde sin causa junto a James Dean. La Academia vio su trabajo y la nominó como Mejor Actriz de Reparto.

Fue la primera de las tres nominaciones que recibió antes de los 25 años. Las otras fueron a Mejor Actriz por las películas Esplendor en la hierba (1961) y Amores con un extraño (1963).

Eran los años dorados de Hollywood y la belleza y la fama de Wood hicieron que se la comparara con otra de las grandes estrellas de la época: Elizabeth Taylor.

Su carrera seguía creciendo. Su papel protagónico en West Side Story (1961) demostró la importancia que tenía para la gran pantalla. No era una actriz que pudiera cantar lo suficientemente bien como para encabezar un musical, pero el director no quería perderse su rostro, su ángel y la popularidad de la que ya gozaba, así que contrató a una cantante profesional que grabara las voces de las canciones y que permitiera que Natalie brillara una vez más.

Pero su regreso fue televisivo y con gloria. En 1979 ganó el Globo de Oro como Mejor Actriz por la miniserie De aquí a la eternidad, y en 1980 filmó su última película, destinada a la televisión, La memoria de Eva Ryker. Lo que vendría después sería su trágico final.

Robert Wagner, también actor, y Natalie Wood se casaron dos veces. La primera fue en 1957, ella tenía 19 y él, ocho más. Se divorciaron cinco años después y volvieron a casarse en 1972, tras una década separados. Tuvieron una hija, Courtney Wagner, y Natalie tuvo también otra de su matrimonio con Richard Gregson, un productor de Hollywood.

Casi diez años después de que Wagner y Wood se reconciliaran, en noviembre de 1981, el matrimonio compartía la velada con el actor Christopher Walken, ya consagrado como una estrella del cine. Walken y Wood eran compañeros en el rodaje de Brainstorming y el matrimonio lo había invitado a compartir unos días a bordo de Splendour, su lujoso yate.

Lo que sucedió a partir de allí permanece, más de cuarenta años después, en el terreno de las especulaciones y las hipótesis. El dato certero es que el matrimonio y su invitado volvieron al yate hacia las 22 y que a las 7.45 de la mañana del 29 de noviembre, hace exactamente cuarenta y cuatro años, el cuerpo de Natalie Wood fue encontrado flotando cerca de unas rocas. Tenía 43 años, vestía pijama y campera, y su muerte acababa de convertirse en un misterio.

Los tres artistas discutieron. En sus memorias, Wagner llegó a reconocer que rompió una botella en medio de su pelea con Walken y, también, que la discusión con su esposa fue poniéndose cada vez más densa con el correr de los minutos.

La muerte de Natalie Wood fue la tapa de centenares de diarios estadounidenses y del mundo. Se trataba de una de las estrellas del firmamento de la industria del entretenimiento más poderosa del mundo.

Demasiado rápidamente, la investigación inicial por el fallecimiento de la actriz se cerró apenas dos semanas después de que se produjera. Se consideró como un accidente por ahogamiento y se especuló con que el consumo de alcohol y la oscuridad conspiraron para que la actriz se resbalara en el yate y cayera al agua. Según esta hipótesis, Wood habría intentado subir al bote salvavidas para salvarse, pero su campera mojada, demasiado pesada, la hundió hasta ahogarla.

Además, la Policía reparó en la fobia que históricamente Wood había presentado a las aguas abiertas. Es que las palabras de aquella vidente que visitó su madre habían condicionado su vida entera, y resultaba inverosímil que la actriz intentara escaparse en un bote inflable, algo que le resultaría terrorífico.

Es que Dennis Davern, el capitán del yate, modificó su testimonio: declaró que había habido una feroz pelea entre el matrimonio y que esa pelea podría haber desencadenado el asesinato de Wood en manos de Wagner. También aseguró que el marido de la actriz lo había amenazado para que no contara nada sobre esa discusión.

En 2018, ante constantes cambios en las declaraciones de Wagner y dado que su relato “no encaja con los de los demás testigos”, la justicia de Los Ángeles lo consideró involucrado en el caso, aunque no presentó cargos concretos en su contra. El viudo de Wood, que todavía vive, se negó a hablar con los investigadores desde que se reabrió la causa.

Fuente: telam

Compartir