SOCIEDAD
14/01/2026
Amores que cruzan el mapa: una italiana y un argentino, un viaje de estudios a Irlanda y una decisión valiente
Fuente: telam
Se conocieron hablando un idioma que no era el suyo, atravesaron la distancia y una pandemia, y se animaron a construir algo juntos contra todo pronóstico
Lo que comenzó como un viaje para aprender otro idioma, terminó siendo la experiencia que les cambiaría la vida. “Fue destino”, reflexiona Roberta, convencida de que el azar los llevó a ese cruce de caminos que no imaginaban.
Tras ese primer encuentro, la vida de ambos se transformó en un ir y venir de emociones y decisiones difíciles. Cuando el curso terminó, parecía que cada uno seguiría su camino... pero no fue así.
Facu regresó a su país y la joven italiana lo visitó en diciembre de ese mismo año. Roberta recuerda el vértigo de esa primera gran travesía: “Argentina fue mi primer viaje muy largo, hasta 14 horas. Estaba muy asustada”. Juntos recorrieron la Patagonia y pasaron dos semanas conociéndose aún más.
Ese tiempo de charlas intensas resultó decisivo. “Para poder vernos, tendrías que viajar para acá y convivir”, propuso Facundo. Así, el amor se impuso a la incertidumbre y la distancia.
El salto de Roberta a la vida en Buenos Aires no estuvo exento de obstáculos. Dejar Udine, su familia y sus costumbres fue una decisión cargada de emociones. “No fue fácil porque tuve que enfrentarme con mi familia, que al principio no estaba de acuerdo, por miedo, porque Argentina es muy lejos y no conocían a Facu”, recuerda. Sin embargo, confiesa que hoy en día sus padres lo ven como “el hijo varón que no tuvieron”, evidenciando cómo el tiempo limó las resistencias.
A pesar de las dificultades, Roberta reafirma su decisión: “Volvería a hacer al 100% lo mismo. No me arrepiento de nada, de absolutamente nada. Capaz que tenía razón mi hermana de no ir a Malta y de ir a Irlanda, porque fue el viaje que me cambió la vida”.
El idioma y la nostalgia se entrecruzan en la crianza de Valentina. “Después de un tiempo que vivís en un país extranjero y empezás a hablar mejor y pensar también en su idioma, como que ya está, ya entraste en el mundo de los locales del país... pero seguís extrañando igualmente el tuyo, tu pueblo, tu ciudad”, reflexiona Roberta. Cada visita a Italia le recuerda ese desarraigo: “Cuando llego a mi pueblo, no me siento más parte de mi ciudad. Desde Argentina la extraño un montón, pero cuando llego, si me quedo más de una semana ya extraño Buenos Aires y la vida que tengo acá”.
Decisiones valientes y el instinto de apostar por el amor
Facundo no duda en reconocer el coraje de su compañera: “Yo creo que ella fue claramente la que se jugó más por esta relación, dejó todo en Italia y vino a vivir a la Argentina. A mí me enamoró eso, el fuego que ella tiene internamente y la gran mujer que es”. Sin embargo, no todo fue sencillo. Facu lleva una carga difícil de disipar: “Hay un sentimiento de culpa muy fuerte adentro mío también, porque siento que ella dejó su familia, dejó toda su vida allá por venir a vivir acá conmigo, vivir esta historia... No dejo de pensar que muchas veces extraña el caminar por su ciudad, el disfrutar sabores de allá. Y si yo lo pienso al revés y yo estuviese en su lugar, para mí sería mucho más difícil dejar mi país”.
A pesar de los desafíos y sacrificios, Roberta y Facundo siguen construyendo su historia día a día en Buenos Aires. Y como dice Roby, cada conversación en italiano con su hija, cada recuerdo de su tierra natal y cada nuevo paso dado en Argentina junto a Facu refuerza ese puente invisible que une a dos continentes. Su experiencia, forjada en el cruce de culturas y decisiones valientes, es testimonio de que el amor, cuando se lo elige y se lo cuida, puede ser mucho más fuerte que cualquier frontera.
Fuente: telam