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INTERNACIONAL

05/08/2026

Un soldado argentino contó cómo se vive desde adentro los entrenamientos del Ejército de Israel: "El cuerpo no tiene límites"

Un soldado argentino contó cómo se vive desde adentro los entrenamientos del Ejército de Israel: "El cuerpo no tiene límites"

Fuente: Netfan Servicios

El militar, relató a Infobae una semana con navegación nocturna y pruebas individuales con cargas elevadas, orientadas a operar en solitario y sostener la disciplina bajo desgaste

Un soldado de la unidad multidominio 888 del Ejército de Israel afirmó que el entrenamiento de esa fuerza cambió su percepción del límite físico y mental, en un contexto en el que, según su relato, el ataque del 7 de octubre alteró la preparación militar y endureció la exigencia cotidiana. El militar sostuvo que la instrucción apunta a formar combatientes capaces de actuar solos, sostener la disciplina bajo desgaste extremo y asumir misiones con la convicción de que "no pueden abandonar".

En la entrevista, concedida a Infobae, el soldado detalló una semana de pruebas que incluyó 120 km de navegación, una subida de 8 km con carga y el ascenso de un edificio de 70 pisos antes de una sesión de combate cuerpo a cuerpo. Ese tramo del entrenamiento, explicó, se completó con una bolsa de arena de 20 kg y una mochila de otros 30 kg.

La unidad 888, también conocida como Ghost Unit, fue creada en 2019 dentro de las fuerzas terrestres israelíes como parte del plan "Momentum", impulsado por el entonces jefe del Estado Mayor Aviv Kochavi. Su función, según la descripción oficial incluida en el material de base, es operar en misiones especiales, complejas y encubiertas en profundidad, con despliegues en Gaza, Líbano y Judea y Samaria.

El soldado, dijo que la formación no se limita a la resistencia física. "De a poco te vas dando cuenta de que lo que creías imposible lo puedes hacer", señaló al explicar que el entrenamiento "te prepara mentalmente para cosas que nunca pensaste que una persona puede hacer".

El soldado describió un sistema de exigencia progresiva. Contó que primero les imponen caminatas de seis, siete y ocho kilómetros, y que luego aumentan la distancia, las horas, la velocidad y el peso hasta llegar a pruebas individuales tras un año de entrenamiento.

En ese punto ubicó el núcleo de la semana que acababa de completar.

"Te dejan en un punto del mapa, te dan un mapa y te dicen: tenés que llegar a determinados puntos y también al punto final", relató sobre los ejercicios nocturnos de navegación, que definió como especialmente difíciles porque se realizan "toda la noche", a lo largo de entre 20 y 25 kilómetros por jornada, con una carga equivalente al 50% del peso corporal.

El militar añadió que esas salidas no se hacen en grupo y que el mando monitorea en tiempo real el avance de cada soldado mediante un teléfono que permite ver su ubicación. Ese seguimiento, explicó, sirve para controlar el progreso, detectar pausas y responder si ocurre algún problema durante el recorrido.

Para el integrante de la unidad, la lógica de esa prueba no es técnica sino de conducta.

"Ellos quieren que tengas la disciplina de que, inclusive cuando te perdés, sigas intentando", afirmó. Y resumió la instrucción en una consigna que, según dijo, reciben de forma reiterada: "No podés abandonar en el medio, no hay vuelta atrás".

El solado sostuvo que la guerra marcó un corte dentro del ejército y también en la percepción de la sociedad israelí.

"Hubo un antes y un después", dijo al ser consultado por el efecto emocional y operativo del conflicto en la preparación de la unidad.

En su descripción, el cambio se produjo tras años en los que Israel, según su apreciación, no había vivido una guerra de esa magnitud y parte de la población se había acostumbrado a una sensación de seguridad. A partir de las muertes de civiles y de personas cercanas, señaló, el entrenamiento pasó a leerse bajo otra urgencia.

"Siempre te dicen: si vos te confiás y no entrenás al 100%, vos pensás que el 7 de octubre pasa de vuelta", afirmó.

Para el soldado, ese recuerdo opera como una advertencia permanente durante la instrucción y explica la intensidad con la que se exige a quienes se preparan para integrar la unidad.

El soldado argentino que se entrena en la unidad 888 del Ejército de Israel, dijo que el programa busca formar combatientes capaces de resistir solos, orientarse bajo presión y seguir adelante incluso cuando el cuerpo ya no responde. También afirmó que el 7 de octubre modificó la mentalidad del ejército y reforzó la idea de que la preparación no admite relajación.

Cuando le pedí un balance íntimo del proceso, el militar respondió con una idea que atravesó toda su intervención.

"Lo que vas descubriendo como persona es que no tenés límites. Tu cuerpo no tiene límites", sostuvo.

Esa definición apareció unida a otra explicación: el rendimiento, según dijo, depende del propósito con el que cada uno llega al servicio. En su caso, vinculó esa motivación con la defensa del país, de su familia y de la población civil.

También admitió que la duda aparece antes de cada prueba. "Muchas veces cada vez que salgo digo: no voy a poder", contó. Pero enseguida contrapuso esa reacción al deber que, según afirmó, orienta su conducta: salir, cumplir y terminar "con mi 100%".

Sobre una eventual convocatoria al terreno, descartó el miedo como variable decisiva. "Yo me uní al ejército para eso. Feliz voy a defender a mi país y a mi gente", declaró.

El tramo más detallado de la entrevista fue la descripción de la última semana de adiestramiento. Allí el soldado precisó que, además de las navegaciones acumuladas, debieron subir una montaña con 500 m de desnivel a las 5:00, después de haber completado antes un recorrido de 15 km.

A esa exigencia se sumó la carga adicional. Según relató, al equipo habitual le agregaron una bolsa de arena de 20 kilos, lo que elevó el peso total transportado durante la prueba.

Después de ese ejercicio, agregó, la jornada continuó con el ascenso del edificio de 70 pisos y una práctica de Krav Maga, el sistema de combate cercano que se enseña en el ejército israelí. "No importa qué misión tenga el día de mañana, la voy a poder hacer y me siento preparado 100%", afirmó al explicar qué conclusión personal sacó de esa secuencia.

Al ser consultado por el sentido de servir en medio del conflicto, el militar insistió en que su decisión está asociada a una idea de protección. "Vos te unís para defender a tu país, a tu gente", respondió cuando le preguntaron por la influencia del contexto regional en la preparación física y mental.

También se refirió a la percepción internacional de la guerra y al modo en que, a su juicio, se observa desde lejos. Dijo que muchas personas fuera de Israel "no terminan de dimensionar qué tan grande fue" lo vivido el 7 de octubre, y añadió que esa experiencia fue una de las razones por las que decidió sumarse al ejército.

En otro tramo, planteó que el objetivo final sigue siendo la paz. "Yo peleo con el objetivo de que mi familia, el día de mañana, mis hijos, vivan en paz", señaló. Luego agregó que, desde su punto de vista, si alguien intenta atacar a una familia, existe el derecho a defenderla.

Hacia el final de la conversación, el soldado introdujo un aspecto menos operativo de la experiencia en la unidad. Dijo que una de las cosas que más lo sorprendió al entrar al ejército fue descubrir una red de vínculos que definió como una "segunda familia".

A su juicio, ese lazo nace del tiempo compartido, de la dureza del entrenamiento y de la convivencia con personas que atraviesan la misma exigencia. "Te aporta un montón en el sentido de amigos, de gente que se siente cercana con vos día a día y pasa lo mismo que vos", afirmó.

Para el soldado, esa relación cumple una función concreta durante las pruebas más duras. "Necesitás ese apoyo de las personas que están con vos para poder seguir", dijo al describir la química que, según su relato, se forma entre quienes atraviesan juntos la instrucción.

Fuente: Netfan Servicios