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CULTURA

05/08/2026

Giorgio Agamben, filósofo italiano: "A los ojos de la autoridad ?y quizá con razón? nada se parece más a un terrorista que el hombre ordinario"

Giorgio Agamben, filósofo italiano: "A los ojos de la autoridad ?y quizá con razón? nada se parece más a un terrorista que el hombre ordinario"

Fuente: Netfan Servicios

Con este diagnóstico feroz, el destacado intelectual anticipó, veinte años atrás, la paranoia estatal y tecnológica que define nuestro presente. Un recorrido por su concepto de "dispositivo", el peso de la vigilancia biométrica y el día en que la ciudadanía se convirtió en el enemigo sutil del poder

El ciudadano saca su teléfono para pagar el transporte, permite que una cámara escanee su rostro en la estación y apoya el pulgar sobre una pantalla táctil. No carga armas, no milita en células clandestinas ni planea un boicot. Sin embargo, para la maquinaria de datos que gestiona las democracias del siglo XXI, ese sujeto que va al trabajo es una bomba de tiempo. "A los ojos de la autoridad –y quizá con razón– nada se parece más a un terrorista que el hombre ordinario", escribió Giorgio Agamben.

Con una lucidez que hoy suena a profecía cumplida, el filósofo italiano desnudó este engranaje en una frase que condensa el espíritu de nuestra época. Su precisión es de bisturí y funciona como la puerta de entrada a uno de los textos más urgentes e influyentes del pensamiento contemporáneo: su ensayo ¿Qué es un dispositivo?, publicado originalmente en el año 2006. Pero para entender el estallido de esta idea, es necesario retroceder a los primeros años del nuevo milenio.

El ensayo de Agamben se gestó en un Occidente profundamente transformado por los atentados a las Torres Gemelas de 2001 y la posterior "Guerra contra el Terrorismo" impulsada por la administración de George W. Bush. Bajo la promesa de una seguridad absoluta, los Estados comenzaron a asimilar metodologías propias de los regímenes totalitarios: la suspensión de garantías constitucionales, el espionaje masivo de comunicaciones y la recolección obligatoria de datos biológicos.

Es en este laboratorio político donde Agamben publica ¿Qué es un dispositivo? Aunque se trata de un volumen breve, su impacto en la academia y la crítica cultural fue inmediato y devastador. El pensador tomaba un término técnico acuñado previamente por su mentor intelectual, Michel Foucault —quien ya lo había delineado sutilmente en libros fundamentales como Vigilar y castigar—, y lo expandía hacia la era digital. Para Agamben, un dispositivo no es solo un objeto electrónico. Su connotación es enorme.

Dispositivo es la prisión, la escuela, el confesionario, el cigarrillo, el lenguaje, la computadora y el teléfono celular. Es, en definitiva, cualquier cosa que tenga la capacidad de capturar, orientar, interceptar o modelar los gestos y los pensamientos de los seres vivos. Lo que vuelve tan potente a la frase elegida es la ironía del agregado entre guiones: "y quizá con razón". Agamben no está diciendo que el hombre común sea un criminal, sino que el poder moderno lo ubica en ese lugar.

De pronto, el anonimato o el simple deseo de privacidad se perciben hoy como actos de rebeldía. En las monarquías absolutistas o las dictaduras del siglo XX, el enemigo del Estado era identificable: el disidente, el espía, el partisano. En la sociedad del algoritmo, el peligro es difuso. Como el gobierno ya no busca convencer ideológicamente a las masas sino gestionar sus comportamientos biológicos, cualquier cuerpo que escape temporalmente de los radares digitales se vuelve una anomalía.

Si un ciudadano apaga su geolocalización, evita las redes sociales o camina de noche con el rostro cubierto, la autoridad enciende las alarmas. Ante una maquinaria que exige transparencia total, la normalidad sin registrar es el nuevo terrorismo. Por eso es que esta línea resume la arquitectura de la saga filosófica de Agamben, el proyecto Homo Sacer, compuesto por nueve volúmenes escritos a lo largo de dos décadas, donde sostiene que la política ya no protege al ciudadano, sino que lo reduce a su "nuda vida".

La nuda vida es la existencia puramente biológica, despojada de derechos políticos, comparable a la del homo sacer del derecho romano primitivo, aquel hombre al que cualquiera podía matar sin que ello constituyera un homicidio. En ese sentido, la profecía de ¿Qué es un dispositivo? es que la tecnología no nos ha liberado, sino que ha perfeccionado esa captura biopolítica. Al alienar la subjetividad humana a través de pantallas y perfiles, los dispositivos producen una "desubjetivización".

Para Agamben, esta lógica hace que ya no seamos individuos con opinión pública, sino paquetes de datos a ser administrados por la policía o el mercado. A dos décadas de la publicación de aquel texto, la advertencia de Giorgio Agamben resuena con una vigencia que asusta. El filósofo —que en los últimos años encendió agrios debates globales al criticar duramente las medidas de confinamiento y los pasaportes sanitarios durante la crisis del COVID-19— nos sigue obligando a mirar las grietas del sistema.

¿Qué es un dispositivo? mantiene su importancia histórica porque rompió con el optimismo tecnológico. Demostró que las herramientas que cargamos en el bolsillo no son neutras. Cuando miramos el mundo actual, donde el reconocimiento facial determina el ingreso a un estadio, los algoritmos predicen la criminalidad y las cuentas bancarias pueden congelarse con un clic estatal, la línea de Agamben deja de ser teoría pura. Es, lisa y llanamente, la crónica de nuestra vida cotidiana en el panóptico global.

Nacido en Roma el 22 de abril de 1942, Giorgio Agamben es considerado uno de los filósofos vivos más influyentes de la actualidad. De ascendencia veneciana y origen armenio, se licenció en Derecho con una tesis sobre la pensadora Simone Weil antes de volcarse por completo a la filosofía tras asistir a los míticos seminarios de Martin Heidegger en Francia entre 1966 y 1968. Fue profesor en prestigiosas instituciones internacionales y editor de las Obras completas de Walter Benjamin en Italia.

Su consagración global llegó con Homo sacer. El poder soberano y la nuda vida (1995), el puntapié inicial de una monumental saga teológico-política de nueve volúmenes que redefinió los estudios sobre el control estatal y la biopolítica moderna. Aunque sus escritos abarcan la lingüística, la estética y la literatura, Agamben se ha convertido en una figura sumamente polemizadora. En 2004 renunció a dar clases en Estados Unidos para no someterse al control biométrico fronterizo.

Fuente: Netfan Servicios